Retos del Alzheimer

Retos del Alzheimer

El diagnóstico y tratamiento de la enfermedad del Alzheimer (EA) presenta, en la actualidad, varios retos que se deben priorizar: el diagnóstico precoz, los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos, la prevención y la mejora de estilos de vida.

Entendemos por diagnóstico precoz el hecho de diagnosticar la enfermedad no sólo desde que aparecen los primeros síntomas, sino también años antes de que estos se detecten. En tal proceso cobra importancia el aspecto genético porque nos permite discriminar qué personas presentan más riesgo de padecer la EA. Se están estudiando, además de los genes del APOE y las presenilinas, otros como PICALM, CLU, CR1, BIN1, ABCA7, etc. Las técnicas del GWAS (Genome-wide association study-Estudio de asociación del genoma completo) que permiten analizar y comparar a la vez cientos o miles de genes y polimorfismos en un gran número de individuos, con enfermedad o sin ella, han supuesto un gran avance en este campo. La idea rectora actual es que los polimorfismos de estos genes contribuyen a la etiología o a las manifestaciones de la enfermedad. En el diagnóstico precoz, disponemos desde hace más de una década de diversas pruebas o “marcadores” como los de imagen (PET y RMN, sobre todo) o los biomarcadores presentes en LCR (proteína Beta-amiloide, Tau y P-Tau). Se están investigando, además, nuevos marcadores de LCR y también otros encontrados en sangre que comienzan a dar resultados esperanzadores, pues permiten detectar sustancias que nos indican las alteraciones que se están produciendo en el cerebro: algunos de estos biomarcadores son precisamente las proteínas Beta-amiloide y Tau que se pueden también rastrear en sangre, aunque hay dificultades para medirlos y estandarizarlos. Otros biomarcadores relacionados con las proteínas ya citadas son: GSK-3B, DYRK1A, Homocisteína o Clusterina. Algunos, como los neurofilamentos de cadena ligera (NF-L), que son marcadores de daño neuronal, están siendo ampliamente estudiados. Los marcadores de inflamación como las citocinas, citocina-I-309, se cree que son indicadores de progresión del Deterioro Cognitivo Leve a Alzheimer. Además, se está trabajando en otro tipo de biomarcadores, como la detección de lactoferrina en saliva.

Con el tiempo, igual que los marcadores tumorales nos dicen la probabilidad o certeza de la existencia de un cáncer, con un análisis de sangre sabremos que una persona puede estar en los inicios de una EA y lo conoceremos años antes de que empiece la enfermedad.

Es evidente que el reto primero y más importante actualmente en cuanto al diagnóstico es que todas las personas que padecen la EA estén diagnosticadas. Para este diagnóstico debemos utilizar los medios habituales, de modo que no haya personas con síntomas de Deterioro Cognitivo Leve, EA leve o EA avanzada que no estén diagnosticadas, lo que sucede actualmente. Para el diagnóstico precoz podemos tener en cuenta los síntomas de sospecha de deterioro cognitivo:

SÍNTOMAS DE SOSPECHA DE DETERIORO COGNITIVO

  • Dificultad para aprender cosas nuevas
  • Repetir mucho las mismas cosas, las mismas preguntas.
  • Perder objetos por la casa: pasar mucho tiempo buscándolos
  • Desorientarse en un lugar conocido
  • No poder salir fuera de su barrio o zona más próxima
  • Desorientación temporal, sobre todo no saber el año o el mes
  • Dificultad progresiva para encontrar las palabras adecuadas: “tener la palabra en la punta de la lengua”
  • Abandono de ciertas tareas cotidianas: comprar, cocinar, jugar a las cartas, salir con amigos…
  • No poder controlar la medicación
  • Desinterés por seguir la tv, la radio, la lectura y otras aficiones que antes tenía
  • Iniciar tendencia al aislamiento

 

Tratamientos farmacológicos. Se están investigando numerosos posibles tratamientos para la EA. Actualmente hay cuatro medicamentos que se utilizan habitualmente, pero sus resultados son muy limitados (Donepezilo, Galantamina, Rivastigmina y Memantina, aprobados entre 1989 y 2003). Se ha aprobado otro medicamento en USA (Aducanumab, 2021) que reduce las placas de Beta-amiloide en regiones corticales del cerebro, pero sus resultados son muy dudosos, de hecho, en Europa no ha sido aprobado. El tratamiento farmacológico es, pues, otro reto fundamental. El objetivo es prevenir los cambios que hacen posible la muerte de neuronas con lo que se pretende parar su destrucción y revertir el daño de las que aún no están totalmente deterioradas. Una línea de investigación muy importante es buscar una “vacuna” u otro tipo de fármaco que bloquee la producción de Beta amiloide y Tau patológicos, que reaccione con estas proteínas ya acumuladas y las retire del cerebro. La investigación sigue a buen ritmo: en marzo de este año, la Agencia de ensayos clínicos del gobierno de EEUU había registrado 2272 estudios para tratamiento de la EA. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios tiene actualmente registrados algo más de 100 estudios clínicos sobre el Alzheimer. Muchos de estos trabajos están basados en la posible interacción de anticuerpos monoclonales con las proteínas Beta amiloide y Tau (Donanemab, Ganterenumab, Lecanemab…). Otros estudios siguen líneas patogénicas diferentes.

Tratamientos y procedimientos varios.  Estos tratamientos con frecuencia se utilizan para otras enfermedades, pero se busca también un posible beneficio en la enfermedad de Alzheimer a nivel fisiopatológico o sintomático o para mejorar su calidad de vida. Entre otros están: la producción de células madre que reemplacen a las neuronas perdidas, estimulación magnética transcraneal, estimulación cerebral profunda, dietas especiales, RX Gamma, Huperzina, Cafeína, Ultrasonidos, Bryostatin, Dasatinib-Quercitina, Semaglutida, Dronabinol, Omega 3, etc. Entre los tratamientos no farmacológicos se encuentra la estimulación cognitiva, que tiene actualmente gran implantación tanto en grupos de mayores sin deterioro cognitivo (con alteración de memoria por la edad), como en individuos con Deterioro Cognitivo Leve o con enfermos de Alzheimer: se pude realizar de modo individual, en grupo o mediante ordenadores. La estimulación cognitiva también se puede desarrollar desde casa utilizando las plataformas y actividades encontradas en la red. Estos tratamientos no farmacológicos formarían parte también de la Prevención del deterioro cognitivo.

Prevención: El estilo de vida. En este aspecto tenemos que señalar, por un parte, el ejercicio físico diario, evitar el sedentarismo y la dieta adecuada como puede ser la dieta mediterránea y, por otra, conocer mucho mejor el papel de la diabetes, la hipertensión, la hipercolesterolemia y otras alteraciones y enfermedades, sobre todo de tipo cardiovascular, relacionadas con el deterioro del cerebro y por lo tanto con el Alzheimer. Como un elemento importante se encuentra el aumentar la Reserva Cerebral mediante actividades cognitivas (lectura, estudio, aprendizaje de idiomas, asistencia a actos culturales…), relaciones sociales e incluso actividades de ocio (aprender y practicar con instrumentos de música, viajes…).

Fuente: Dr. Pedro Montejo Carrasco. Médico Psiquiatra. Equipo de Liderazgo de la SEGG.